29 ene. 2009

Hoy ha salido el sol. Aunque la noche sigue rigiendo en esta casa, la tranquilidad que ahora se respira es como un suave bálsamo para mi piel.
Tal vez sea la calma que precede a la tormenta, o tal vez no. Pero da igual. El caso es que no oigo gritos y, a pesar de que la viborilla se ha dedicado a pregonar con falsas lagrimitas su distorsionada versión de la realidad por la calle, da la sensación de que se han encontrado con una pared.
Puede que cuando tengan dinero para gastarlo en juzgados nos conduzcan a una batalla legal, pero sus excesivas ansias por gastar e invertir al otro lado de Europa me hacen pensar que van a tardar un poquito. Porque esto supone tener que renunciar a algún que otro viajecito hacia ese maravilloso país, sacrificio que comprendo muy grande por parte de ella.
A ver si nos mejora la situación y podemos tener nuestro propio rinconcito sin haber de ir a parar a un piso de alquiler. Me incomoda pensar que nos veamos en la obligación de hacer tantas mudanzas.
Me da un poco de reparo escribir esto aquí, no sea caso que esté llamando el mal tiempo. Pero la verdad es que estas semanitas de tranquilidad las agradezco infinitamente.
Estar aquí me ayudará a valorar más mi hogar cuando lo tenga, pienso bastante en ello.
El caso es que ha salido el sol y agradezco su clara y cálida luz en medio de tanta oscuridad.

17 ene. 2009

A una VÍBORA

Te acercas a mí con intención de morderme. Siempre ha sido así. Tú, agazapada en la entrada, esperando el momento propicio para enseñarme los dientes mientras yo bajo las escaleras pidiendo a Dios que sepa darte una respuesta que no sea indigna de mí. Estoy aprendiendo mucho de tu persona. Me ayudas a trabajar el autodominio más allá de mi capacidad real de contención. Pero todo esto me pasa factura.
Me duele el estómago, pero no se trata de esto. Mi dolor es mucho más profundo: Me duele el corazón. A veces estoy triste mientras otras tantas siento que voy a explotar de la rabia que me da ver cómo actúas impunemente. Pero creo en la justicia divina y puede que algún día tu maldad junto con la de tus secuaces acabe encontrando su justa recompensa.
Yo no espero nada. Tan sólo ansío poder salir de la cueva en la que me veo obligada a vivir, encadenada a las consecuencias que tu egoismo y falta de asertividad me generan.
Pero ahora no estás sola. O no sé, empiezo a preguntarme si lo has estado alguna vez. Me doy cuenta de demasiadas cosas a la vez que la realidad que se presenta ante mis ojos escapa a mi capacidad de comprensión.
No, no puedo comprender lo que está ocurriendo . Me cuesta trabajo hacerme a la idea de que la única explicación posible, la más lógica, a todo lo que está pasando pueda ser real; y lo peor de todo, es que se trate única y sencillamente de dinero.
Hay demasiada maldad rodeándome, demasiadas mentiras, demasiada falsedad.
Ojalá el día que pueda hablar de esto en pasado no tarde tanto en llegar. Me da igual cómo os trate la vida, sólo sé que deseo hacer mi camino como antes, sin toda esta mierda en la que me he visto sumida por amor.

16 ene. 2009

Heme aquí, perdida, buscando una pizca de razón a todo cuanto me rodea y me hiere. El alma llevo rota , aunque contenida, domesticada por mi raciocinio... No, no debo llorar; no puedo. Mis ojos delatarían que me resquebrajo por dentro, verían que vale la pena actuar como salvajes para con quien tienen tan cerca... No, no vale la pena. No me serviría de mucho. No me arreglaría nada el llorar. Y, sin embargo, siento tanta impotencia que no hago más que repetirme que no debo cambiar por vosotros. Soy como soy y debo mantenerme en mi línea a pesar de todo. Porque definitivamente sé que esperáis que reaccione a vuestra violencia invisible con algún ataque desnudo al ojo humano. Lo que hacéis no se ve, lo que yo pueda hacer sí se vería y eso no me conviene.
No obstante, sobreviviré. Sé que puedo hacerlo. Sé que el mundo no se acaba en estas cuatro paredes. Debo mantenerme firme, impertérrima a vuestros ataques. Ser sutil pero continuar inocente. Sólo me preocupa no acabar manchándome con vuestra mierda.
No puedo rebajarme, no debo. Saldremos de ésta y no os será todo tan fácil. Vuestras artimañas no serán suficientes para acabar con nosotros. Resistiremos a vuestra maldad, aunque nos cueste lágrimas y dolor. No podréis con nosotros.
Y puede que algún día, aunque posiblemente demasiado tarde, quien más duro ataca quiera volver sobre sus pasos, vacío de bolsillos y roto de dolor.
Hacednos más daño, por favor, para que después, pasados los años, no caigamos en el error de volver a abrir los brazos y ofrecer un techo y pan a quien, dinero en mano, olvida de dónde vino y quién le ayudó. Y todo por una mujer. Todo por una maldita mujer, tal vez la peor. O tal vez no. Quizá siempre fue así y se ha encontrado con la horma de su zapato. Sea como sea, tanta maldad no puede ser que no sea castigada. Dios dirá.